miércoles, 30 de noviembre de 2011

HIPOCRESÍA INTERNACIONAL


Las actuaciones internacionales no disponen de un rasero claro a la hora de establecer si un país es enemigo o amigo. En esta lucha de egos que es la globalización, no hay un límite argumental, sincero y objetivo que evalúe las capacidades de los Estados. Hoy en día es complicado llamar la atención de la sociedad internacional, si no eres una potencia occidental, o en su defecto un amiguísimo, y muchas veces ni siquiera así se consigue. La sociedad no se ha dado cuenta que la hegemonía del hombre blanco llega a su fin y que la sociedad internacional no son sólo los países occidentales.
Israel: estado fallido, estado creado por conveniencia a través de intereses compartidos, reducto judío, alfombra bajo la que esconder la basura… Muchos nombres le han dado a un país que nutre al mundo de avances tecnológicos que nos mejoran la vida. Pero, ¿es amigo o enemigo? Esta es una pregunta que nunca encontrará respuesta. Si eres Pro-Palestina, enemigo, si eres Pro-Israel, amigo, ¿o es al revés? Son ambigüedades que países como EEUU, la India, Egipto, Gran Bretaña, Alemania, etc. Se apresuran a inclinar de un lado u otro sobre una balanza que tiene el eje lejos de las propias fronteras de estos dos pueblos. Israel es el juguete roto de occidente y ya no se quieren molestar en arreglarlo, lo único que hacen es buscar mejores formas de aprovecharlo, mientras se va degradando por sí solo y mientras degrada a los palestinos.
Israel y Palestina, para mí, nunca ha sido sinónimo de conflicto, sino de irresponsabilidad. Unos jalean a Israel y otros a Palestina: los arman y los echan a luchar como gallos de pelea. Lo último, admitir a Palestina como Estado miembro de la UNESCO. No estoy en contra de tal acto, estoy en contra de la forma en la que se hacen ese tipo de cosas. Esta organismo que depende de la ONU ha elevado la irresponsabilidad más allá, una vez más, de las cotas regionales, paralizando las posibilidades de reconciliación y de búsqueda de la paz entre ambos. Hacía dos años que estos intentos de paz quedaron paralizadas con la entrada del nuevo gobierno de Israel. Pero en los últimos meses, con el intercambio de presos, todo parecía esperanzador. Ahora se torna complicado.
La UNESCO admite a Palestina bajo amenazas de EEUU de no pagar su parte de los presupuestos. Y así ocurrió, Palestina entra y EEUU no paga. Eso sí, no abandona los órganos de gobierno de la organización. Esto implica que el resto de estados, sumidos en una crisis mundial, tienen que hacerse cargo de ese dinero que no se percibe por parte de los americanos y que suponía la parte más importante de todo el dinero con el que cuenta la UNESCO -un 22% del presupuesto de esta agencia-. EEUU argumenta que no lo hace para castigar, sino porque existe una Ley estadounidense que le prohíbe dar apoyo económico a cualquier órgano que reconozca a Palestina como estado. El país más importante del globo, espejo en el que se mira parte del mundo, está obsoleto. Pero no es nada nuevo la ONU, en eso, se lleva la palma
Mientras todo esto ocurre, en la franja de Gaza siguen lanzándose misiles entre unos y otros, provocando muertos, hostilidades y eliminando cualquier posibilidad de poder leer en la prensa, el conflicto de ETA se ha terminado. Perdón, no quería decir ETA, quería decir el conflicto árabe-israelí. ETA se me ha colado porque es con lo que muchos medios y personalidades lo han comparado para hacer su llamamiento a la paz desde nuestro país. Algo que queda muy lejos y no se puede comparar de ninguna forma. Menos aún cuando terrorismo a nivel internacional no tiene una definición clara. Por lo que Hamas, es una organización “terrorista”. Eso sí, Israel sólo se defiende.
Las relaciones internacionales son política, al fin y al cabo, intereses, y nos han hecho creer que en ellas todo vale con tal de mantener nuestro propio país a salvo. Aunque para ello primero hay que consultar con la Casa Blanca, para que dé su visto bueno con todo lo que hacemos, nos ponga una base militar en nuestras fronteras y le demos el poder para dominar, someter y tomar decisiones a su propio juicio.  El problema surge cuando esa hegemonía que creían tener comienza a caer por una pendiente muy pronunciada. El mundo no tiene freno por mucho que queramos ponérselo, la Primavera Árabe lo ha demostrado y ahora lo hace Irán con su programa nuclear, desde la otra cara del prisma, la mala.
 La supremacía del hombre blanco se termina y ahora somos más internacionales que nunca. Irán y Palestina son el ejemplo clarificador de que ir más allá de lo que nos incumbe puede acabar mal, y eso que no ha hecho más que empezar. Esperaremos a ver que dicen EEUU y sus amigos. Hagan memoria, todo lo que ocurre es cíclico, el hombre es el único animal que tropieza dos veces sobre la misma piedra e imperios más grandes han caído por su avaricia y su soberbia. Lo malo, que esta vez seremos el resto quien pagará los platos rotos, Israel y Palestina ya lo hacen, ¿quiénes serán los siguientes?


ARDIEL RODRÍGUEZ PLATA
GRUPO 53

No hay comentarios:

Publicar un comentario